El canto a lo poeta: una via a la dentidad -1

El encuentro es la experience humana, valga la redundancia, mas humanizadora. La consolidacion del ser ocurre en la confesion de su precariedad, de su carencia; en su encuentro con esta verdad. En este recuento acontece tambien la revelacion de sue potencialidades. La autoconfesion de su insuficiencia le patentiza sue vinculps con el ser. Esta estructura radical se le evidencia presente, explfcita o latente, en el universo entorno: en el Otro (el hombre), en lo otro (el myjiY\do), en Lo Otro (Dios). El encuentro es la experiencia por la que el ser se siente, se conoce y se asume en verdad, en su vocacion de inmanencia y trascendencia, dos movimientos ontol<5gicos complementarios.
El encuentro revela la realidad en trance permanente de apertura y ^iisponibilidad y restituye a la experiencia la alegrfa, el asombro y el entusiasmo del ser-estar en el mundo. En este sentido es una experiencia radical Gjue le reivindica al hombre sus rafces y sus proyecciones reales. La experiencia del encuentro abre al hombre a sentir el tejido relacional que lo constituye en lo material, To psfquico y lo espiritual. Le patentiza la diligencia con que este tejido de cfrculos concentricos ejue lo rodea, no lo incita a cerrarse sino a abrirse. Recibir esta situacion es acordarse con el moviniien- to del dar, del participar lo c\ue se es, porque en la partici- pacion acontece la revelacion del ser. Vivir es acusar recibo de estar rodeado por esta logica de circulos concentricos que me asisten con la dacion de su ser. Este cfrculo es el horizonte que se prolongada al infinito hacia afuera y’hacia adentro, en el antes y en el despues.
El descubrimiento de la identidad ocurre en esta experien¬cia capital. A quinientos anos del descubrimiento de America, ieera posible detectar un acontecimiento en que el pueblo iberoamericano haya tenido esta experiencia? £La hubo pero se perdio en lo recodos de la hlstoria, sin que de ella queden rastros? ITodo este trayecto lo recuenta la memoria colec- j tiva solo como cadena de desencuentros? Pensamos que en el acontecer recondito, en repliegues, por escondidos entranados, hay ambitos donde el ser americano se ha ancontrado, se slgue cncontrando consigo mismo, con la cpmunldad, con la naturaleza, con Pi os.
Pero este cncuentro es una itinerancia Gjue recien comien- 7,u. fiOO aHos en la vida de Ios pueblos no es poco pero no es fcuflclcnte para encontrarlos con su identidad. En el mestizo hay un aborlgen que se encubre para no ser visto, para no ser de^cublerto; que da por muerta su condicion pre-colombina. Pcro tambl^n hay un espanol que encubre su condicion socio¬cultural, su prccanedad. A
Beta el aue se encubre hacia abajo, se subestima, se «nlngunea», reglstra la diferencia como inferioridad. No se autorlza a ser. Acepta ser ninguno. Y esta el que se encubre hacia arriba, se exalta, se desborda a traves de la mascara, el dlsfraz, el coturno. Se autofiza a ser lo que no es, asumiendo el expediente del «arribismo».
En medio de ambos, en la tierra de nadie de la ambiguedad, el mestizo nace y crece en la inseguridad que da la experiencia de no asumir la identidad.
la dlferencia no asumida, no.asumible respecto del otro auc hay en el, ejue hay en los otros, se deja sentir en diversos ordcncs. Resiente la experiencia humana general, en este continente. En la sensibilidad opera como un factor interferente que altera y disminuye el voltaje y la amplitud del dialogo de los sentidos con los codigos expresivos del entorno natural y cultural. Los sentidos no aportan al sentido, no se constituyen en el espacio de encuentro entre el hombre y los otros y lo otro: No se les asigna la cota de credibilidad ojue los constituya en tesimonio patentizador de lo que es ahf, aojui, en este rnundo.